Y tú: ¿hasta donde podrías llegar en el sexo duro?

En la tan famosa película/novela/saga “Cincuenta sombras de Grey” hay una escena, particularmente rijosa, en la que la inocente Anastasia se ve obligada a firmar un compromiso de confidencialidad antes de que su guapo y poderoso todavía-no-amante le explique en qué consiste su rollo. Y tú: ¿hasta donde podrías llegar en el sexo duro?

Una vez firmado, ella, con una timidez casi infantil, le dice a él: “¿y ahora vamos a hacer el amor?” a lo que él contesta: “Yo no hago el amor. Yo cojo. Fuerte”, ante el rubor de la aparentemente recién venida al mundo protagonista.

Pero lo que puede parecernos en principio divertido como fantasía puede no serlo una vez lo ponemos en práctica. Y por esa razón es muy importante practicar el sexo duro lentamente para testar las aguas y ver si realmente se disfruta.

No es que pensemos que el sexo duro tenga nada de malo porque no lo tiene, siempre y cuando su meta sea, como siempre, buscar el placer de todas las partes.

A la gente puede gustarle el sexo, duro o blando, por razones muy distintas, pero si viene motivado por un deseo compartido no vemos ninguna razón por la que no valga la pena probarlo.

En la esquina opuesta del cuadrilátero estarían los aficionados al sexo “vainilla”, el término que, cada vez más, se aplica al sexo más doméstico o convencional. 

Originado dentro del argot de la subcultura BDSM, el término “vainilla” viene a colorear de ese matiz todas las conductas sexuales que no obligan sacar ni un solo pie de nuestra zona de confort, y cuando se usa de forma peyorativa pretende tildar ese tipo de sexo de poco osado o incluso aburrido.

Pero dado que el sexo más convencional se hace convencional a base de ser repetido por la mayoría… Alguna razón habrá para que el sexo vainilla sea tan popular; aunque los aficionados al sexo más duro, como el Sr. Grey, seguro que piensan que el suyo se siente mucho mejor que el sexo de los demás.

Según un estudio de 2019 publicado en Evolutionary Psychological Science “el sexo duro es provocado por la curiosidad y la necesidad de novedad, y ambos, tanto hombres como mujeres, tienden a iniciar conductas sexuales tipificables como duras”. 

Algunas mujeres, según ese mismo estudio, alcanzan con más facilidad el orgasmo a través del sexo más rudo, y tanto los hombres como las mujeres del estudio alegaron que sus orgasmos fueron más intensos cuando el sexo era más fuerte.

Para el experto en sexo y relaciones, además de miembro de la comunidad BDSM, David Essel, “A nivel fisiológico muchas personas reaccionan muy positivamente cuando son ellos los iniciadores del sexo duro; desean tener el control y permitir que su mente y su cuerpo hagan justo lo que les sale de forma natural. Y por otro lado, la parte sumisa en este escenario de juego puede también excitarse muchísimo a medida que la tensión y la violencia del sexo aumentan”.

Pero lo que puede parecernos en principio divertido como fantasía puede no serlo una vez lo ponemos en práctica. Y por esa razón es muy importante practicar el sexo duro lentamente para testar las aguas y ver si realmente se disfruta.

 

Tener claros los temas de salud mental y/o física de los involucrados antes de tirarse de cabeza en esa pileta es fundamental, siempre, para evitar sorpresas que hagan peligrar la seguridad y la felicidad de los participantes. Si te has pasado la vida dedicado al sexo vainilla y quieres meter los pies por primera vez en las turbulentas aguas del sexo más duro, acepta ese consejo y no lo hagas de golpe.

Tal y como avisa la académica en estudios de género y experta en sexualidad y consentimiento Ariadne Wolf: “Cuando se aventuren en un nuevo territorio, muévanse muy despacio, hablen mucho en lugar de no lo suficiente, y antepongan la salud de su relación a la indulgencia sexual momentánea”. “Partiendo de tu zona de confort no hagas ninguna salvajada de inmediato. Ajusta tus límites con calma y avanza lentamente a medida que te sientas más cómodo. Comprueba con tu pareja, frecuentemente, que todo sigue bien y que todos están cómodos”.

Si no estás seguro/a de que el sexo duro sea lo tuyo, no dejes que te vendan la moto: hay muchas novedades que puedes añadirle al más vainilla de los sexos; el sexo que tan bien conoces y que tanto amas, sin tener que entregarte a la ley de la jungla.

Puedes empezar por compartir algo que tal vez nunca has hecho pero que te provoca curiosidad y ver cómo se siente. Hablar de fantasías puede ser el trampolín perfecto para despegar.

 

Con demasiada frecuencia se da por hecho que “coger duro” es sinónimo de “coger bien”, como sin duda le pasaba al galán de la saga 50 sombras. Pero SPOILER ALERT: la saga literaria empieza así, pero acaba en un final feliz (con boda y niños) que pasa por coger mucho más despacio, mirándose acaramelados a lo más profundo de los ojos. 

Para muchos hombres parece que el sexo no es realmente una cuestión de intimidad, sino que se trata de golpear un receptáculo cálido y sensible con la máxima velocidad y la mayor fuerza. Para otros, lo que muchos llaman “duro” en realidad lo que significa es “apasionado” y quizás sea ahí donde todos los sabores del buen sexo llegan a tocarse, desde el más oscuro hasta el más vainilla.

Para los entusiastas del sexo duro el atractivo es también psicológico; cuestión de sentirse más deseado al sentir que tu pareja pierde la cabeza, literalmente, por deseo. El vigor de este tipo de sexo es capaz de provocar subidas de adrenalina que bien pueden aumentar los sentimientos de atracción y ayudar a alcanzar el clímax.

Pero todo lo que el sexo fuerte y rápido tiene de bueno también puede tenerlo de malo, ya que no son pocas las mujeres que se lamentan de sentir, con demasiada frecuencia, que muchos hombres se lanzan sobre ellas como si no les importara lo que su cuerpo sienta, como si lo estuvieran utilizando para masturbarse, sin detenerse a investigar el deseo de la persona sobre la que se están ejercitando.

 

“Para la mayoría, uno de los mayores problemas en lo que a vida sexual respecta es la comparación constante con la vida sexual de los demás”, dice la terapeuta sexual Vanessa Marin. “Como no hablamos de sexo de forma abierta ni transparente, muchos nos agarramos a un clavo ardiendo en busca de barómetros con los que medir nuestra vida sexual y asegurarnos de que somos normales, que las cosas están bien y que estamos a la par con los demás”.

Pero la verdad es que no hay una única manera de coger adecuadamente. Y creer que puede haberla es estar automáticamente equivocado.

La forma en que dos personas adultas (o más si esa es su preferencia) consientan en tener y disfrutar del sexo, es cosa exclusivamente suya. Ya sea de forma salvaje o suave, el objetivo, más allá del propio sexo, es realmente darse el permiso de que les guste lo que ya les gusta sin tener que sentirse culpables.


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Y tú: ¿hasta donde podrías llegar en el sexo duro?

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