Metro Underground / De fanzines, punk, cultura subterránea y cancelaciones

Yecatl Peña es un autor, ilustrador, músico mexicano y tesista de antropología social; cofundador de Ediciones ¡Joc-Doc! Es autor del libro de grabado “Fiestas negras” (2017) y del “Zine cábula raza” (2022), que reúne 40 páginas con sus trabajos más representativos de 2018 a 2021. Ha sido miembro fundador de las bandas de punk Muerte, Ojo por Ojo e Inservibles, y también es cofundador del sello mexicano Cintas Pepe, especializado en editar grupos latinoamericanos de punk, en formato estrictamente de vinilo desde su fundación en 2010 hasta los días.

En esta entrevista, abordamos el estudio del fanzine, las actividades relacionadas con el underground, la autopublicación, la editorial ¡Joc-Doc!, Cintas Pepe, las ediciones subterráneas más importantes de México, la contracultura, su obra gráfica, música, proyectos, y muy explícitamente, de la cultura de cancelación.

¿Por qué “fracasó” la iniciativa planteada al Museo Universitario del Chopo, que pretendía, como parte de un programa, formar una fanzinoteca en sus instalaciones?

No creo que haya fracasado. La fanzinoteca del Museo Universitario del Chopo fue una propuesta que hizo Enrique Arriaga, quien me parece que en aquellas épocas (2012-2013), estaba a cargo del área audiovisual de dicha institución. Viendo el potencial que tenía aquella zona, empezó a investigar distintas maneras de activar el espacio, pues no era demasiado atractivo para los asistentes del Museo. Siendo Enrique un entusiasta de las artes más ubicadas en la marginalidad del arte institucional, consideró que allí podrían tener lugar ciertas actividades relacionadas con el underground, y su historia de una manera más relajada.

Convocó a distintos grupos y personas que él consideraba importantes en su concepción de lo subterráneo, y cercanos al mundo del zine y la autopublicación, para que cada uno de ellos desarrollara una especie de curaduría, una muestra y una publicación gratuita financiada por el Museo.

Ediciones Joc-Doc, que era la editorial que fundamos Abraham Díaz y yo en 2011, fue el primer organismo convocado por Enrique para dar inicio al proyecto de la fanzinoteca. Hicimos lo que pudimos para ayudar a que girara la rueda: Fotocopiamos nuestras colecciones personales y conseguimos copias originales. Además de esto, montamos una exposición con los originales de la publicación gratuita que se creó para el primer evento, el cual fue bautizado como Sub-NRMAL, cuyo tiraje fue de mil ejemplares donde venía únicamente nuestro trabajo. El día de la inauguración de la muestra de zines y la presentación de la publicación, también organizamos una tocada en la planta baja del museo, a ras de suelo y con nuestros amplificadores. Enrique tenía la idea de que el concierto no se realizara en el foro del museo donde siempre se llevan a cabo conciertos, sino que siguiendo con el espíritu de la muestra, la informalidad fuera el espíritu. Ese día tocaron Avichines, Inservibles y Dave Rata (se puede encontrar el registro en YouTube, si a alguien le interesa).

Después de ese primer evento, Enrique llamó a otras personas para realizar eventos similares y engrosar el archivo de zines del chopo. Recuerdo que también hubieron eventos y publicaciones con “El Podrido”, un punk de la vieja escuela del antiguo DF, quien posee una vasta colección de discos y memorabilia de los inicios de la escena punk en la capital; también pidió la colaboración de la revista “Anal”, una publicación gay que inició en la total marginalidad, y cuya historia debía ser contemplada en la historia de la autopublicación en este país.

En general el sentimiento que yo tuve después de dichos eventos fue positivo. En los inicios de la década pasada, muchísimas empresas transnacionales como Vans o Vice, y otras nacionales como Cerveza Indio, parecían ser las únicas en difundir el trabajo de artistas emergentes de cualquier ámbito. De algún modo, había un monopolio de la exposición del trabajo de los jóvenes: o era a través de esos canales o no existías.

Exponer tu trabajo en un museo de una institución pública como lo es la UNAM, en un momento donde todo llevaba una marca de copyright, era una victoria, y personalmente era muy chido presentar nuestra chamba en el mismo lugar donde se habían armado tocadas legendarias como la presentación del compilado Sólo Para Punks en 1987 o donde el colectivo Cambio Radical Fuerza Positiva había hecho infinidad de eventos.

Enrique dejó de trabajar en dicha institución hace algún tiempo, pero me parece que el archivo sigue ahí, disponible para consulta. El proyecto de la fanzinoteca del Museo del Chopo también fue una postal del momento. En aquellas épocas la banda no veía en el zine una forma de expresión tan “cool”, como ahora que ya hay un chingo de raza autoeditandose, y pequeñas editoriales armando bazares, etc. La fanzinoteca, como esos tiempos, tuvo su momento y pasó. No me imagino esa iniciativa manteniéndose hasta nuestros días, era necesario que fuera efímera.

¿Para Yecatl Peña y Ediciones ¡Joc-Doc!, cuáles son los fanzines y editoriales subterráneas que consideras más importantes y representativas de México?

Mi idea acerca de lo que es importante es muy diferente a la de Abraham, mi colega en ¡Joc-Doc!, y al mismo tiempo, nuestras ideas acerca de lo que consideramos más representativo en nuestro país en cuanto a fanzine es bastante controversial. Precisamente algunos personajes del pasado que no tuvieron demasiada trascendencia se enojaron con nosotros cuando hicimos nuestra curaduría para el proyecto de la fanzinoteca, incluso llegando a atacarnos por considerar que nos creíamos autoridades en la materia. Dicho lo anterior, creo que en el mundo de la autopublicación, como en el de la música, lo primero que te llega es lo que te marca profundamente. Cuando yo me acerqué a la autoedición siendo un adolescente, había toda una pléyade de editoriales, y gente que se autopublicaba para dar a conocer su trabajo creativo. El formato impreso aún no caía en desuso y muchas revistas underground se podían conseguir en librerías como Gandhi o el Parnaso. La editorial y la revista MoHo fue fundamental para que yo entendiera que había algo más allá de lo convencional. Aún era posible encontrar números del Gallito Cómics en muchos sitios, y esa relación que tenía aquella revista con el rocanrol, el movimiento zapatista y la gráfica, me parecía extremadamente poderosa; aunque a mí no me tocó la época en la que editaban periódicamente. En contraste, empecé a ir a tocadas punk y a comprar material en el espacio anarkopunk del tianguis del Chopo, y el legendario zine Cryptas Records tuvo un gran impacto en mi manera de entender que uno es capaz de editarse y distribuirse de manera autónoma. Más adelante conocí el trabajo de Inés Estrada, una contemporánea mía y de Abraham, quien llevaba un ratote ya sacando sus cómics y moviéndose fuera de México por su propio lado. No creo que se pueda entender la autoedición en nuestro país sin hablar de su trabajo.

Ninguno de los ejemplos anteriores tienen demasiado en común más que el importantísimo hecho de que desde sus trincheras y con sus muy particulares formas de ver el mundo, crearon espacios diferentes que la cultura institucional no pone atención en primera instancia, y a los que se les debe muchísimo a la hora de hablar del “hazlo tú mismo”, y la generación de cultura al margen de lo hegemónico.

¿Por qué hay tantos problemas de clasificación en este género?

Creo que en un país como México, los artistas que no provienen de una dinastía o familia acomodada, no tienen la capacidad económica para ser editados y tampoco cuentan con el capital social necesario para acceder a exposiciones o al mundo del arte hegemónico. En los últimos años la necesidad de los jóvenes por dar a conocer su trabajo ha dado como resultado que el zine sea utilizado como una plataforma de difusión. Creo que gracias a esto la oferta de zines ha crecido, y de ser un nicho pequeño ha pasado a tener todo tipo de contenidos. Curiosamente lo que ya no veo más son zines que hablen de música, cine, literatura o política. Anteriormente esto era lo que más había, y la gráfica era la gran ausente.

En el ensayo “La escena underground” para la revista Tierra Adentro, escribiste que el primer y principal error de esto es intentar entender al fanzine como un concepto único, y a su contexto como una escena monolítica.

No recuerdo muy bien lo que escribí en aquel artículo de manera específica, pero mi intención era transmitir que lo más importante del zine es su contenido, y no el hecho de valorar a un zine por el mero hecho de ser un zine.

A mediados de la década pasada, muchos oportunistas del mundo del arte vieron en la autoedición otra forma de hacer marketing para su trabajo que ya de por sí saturaba los mercados del arte mainstream y estatal. Encontraban en el zine una manera de hacerse publicidad, y de paso ganarse unos pesitos brincando al vagón de la autoedición. Utilizaban a su favor términos como “hecho a mano”, “edición limitada”, “impreso en risograph” y se apropiaban de la estética y forma de trabajo de personas que precisamente no tenían acceso a las plataformas institucionales en las que ellos se movían.

En las antípodas, mucha banda que no contaba con el capital social, cultural o económico para entrarle al mundo del arte, empezó a hacer zines sin ninguna clase de autocrítica o autocontrol de calidad, y su intención era insertarse en la escena de la autoedición precisamente para ir obteniendo alguna clase de beneficio, una vez más, como los oportunistas del arte, pensando que el hecho de hacer un zine les garantizaba un valor agregado a su trabajo.

En pocas palabras, lo que quería expresar en aquel texto era que el zine es únicamente una herramienta de difusión de alguna idea específica. Es un medio y no un fin. Algunas personas hemos decidido seguir haciendo zines, pues encontramos una gran libertad en el hecho mismo de tener control sobre nuestro contenido y la factura de la publicación, no es que queramos ser “fanzineros” toda la vida, pero lo más probable es que así sea.

¿Crees que el impacto del fanzine sea difícil de calificar debido a su inmediatez?

Todo lo contrario. Por su naturaleza un zine tarda en llegar a donde sea que deba llegar. Al ser una publicación de un tiraje pequeño, en su mayoría hecho a mano y distribuido por la persona que lo hizo, el zine dista mucho de ser un objeto que pueda tener como característica la inmediatez. Muchas veces un zine tiene su mejor momento ya que está agotado. En muchos casos el hecho de que ya no esté disponible fomenta que se le valore y se le busque con más ganas y que precisamente se le ponga más atención a su contenido. Creo que el impacto de un zine se mide a la posteridad. Si con los pocos medios que se tenían a la mano, la publicación sigue expresando ideas interesantes, quiere decir que ahí había algo importante que decir. Esa es una gran prueba del tiempo.

¿Todo fanzine es contracultural?

Todo fanzine es una expresión del espíritu contracultural del momento.

¿Cuál es el zine más raro que te has encontrado?

Estando de gira por Estados Unidos con mi banda Inservibles, en el baño de una punkhouse encontramos un zine que contenía todas las leyes sobre venta de alcohol en cada estado de ese país. La persona que hizo el zine lo hizo pensando en las bandas de punk que están de gira. Como en México, cada estado gringo tiene sus propias leyes acerca de a qué hora se deja de vender cerveza o licor. Siendo Inservibles una banda conformada por entusiastas de la bebida, aquel zine fue de gran ayuda, ya que el internet no era importante en nuestras vidas en aquella época.

En la última página del zine se pedía por favor que al terminar tu gira, dejaras la publicación en el baño de alguna punkhouse o de un bar donde alguna otra banda pudiera encontrarlo y hacer uso de él. Así lo hicimos.

De tu libro ‘Fiestas negras’, Abraham Díaz escribió que: ‘sale de tus entrañas, como poderoso puñetazo en la cara de la sociedad mexicana. La corrupción, la vileza, la decadencia y la mierda escondida bajo grandes capas de indiferencia ante la realidad, hicieron que este libro fuera necesario para ser publicado de la manera más repugnante posible’. ¿Cómo son tus procesos creativos?

Cada proyecto es diferente. En el dibujo y el grabado casi nunca hago demasiados bocetos. La primera idea suele quedarse, no me gusta pensar tanto acerca de la proporción y la composición. Yo nunca tuve una formación artística escolar, aprendí a dibujar y a hacer grabado solo, entonces no tengo complejos a la hora de crear alguna imagen. Sé que tengo muchas limitaciones en cuanto a técnica se refiere, pero eso se quita dibujando más y estudiando a otros artistas. En cuanto a la música, depende de con quien esté tocando uno, aunque la mayoría de las veces alguien llega con un riff, una tonada o un ritmo de batería, y a partir de ahí se puede empezar una canción. No me gusta llegar con canciones hechas, no creo que eso sea sano para una banda; creo que es mejor colaborar entre todos los miembros y hacer algo de lo que los tres o cuatro miembros se sientan orgullosos.

Con Inservibles grabaste el álbum ‘Inservibles’ (Shogun Records, La vida es un Mus, 2011) y los singles y EPs ‘Vírgenes mutantes’, ‘Inservibles-Split’, ‘La Toña Machetes ya no quiere vivir’ (Vómito en la Vagina, 2007), ¿cómo fue esa experiencia?

Con Inservibles logramos muchas cosas e hicimos muchos contactos que nos permitieron viajar a otros sitios, editar discos fuera de México y que bandas de fuera nos visitaran por acá. Hicimos una gira europea que duró un mes y una semana tocando todos los días, en 2011 y en 2012 giramos por USA durante un mes, igualmente tocando diario y algunas veces hasta dos veces por día. Tocamos en la última edición del Chaos In Tejas en Austin, Texas. Hay un LP enlatado que algún día verá la luz.

Hoy en día toco en Ojo por Ojo, junto con mis amigos Mico y Chamaz. Nos formamos a finales de 2017. Con este grupo hemos editado un LP y un flexi que extrañamente fue grabado por Steve Albini en el estudio de nuestro amigo KB en León, Guanajuato, en 2018. El año pasado grabamos nuestro segundo LP que será editado en Cintas Pepe y saldrá en el verano de este 2022.

Marcos Hassan escribió para la revista Remezcla que Yecatl Peña “es sinónimo de Cintas Pepe, y su producción musical ha sido igualmente influyente, habiendo tocado en bandas como Inservibles, Mujercitos y Muerte. Su último conjunto de punk frenético Ojo por Ojo, presenta a ex miembros de Nazareno el Violento y es de una escucha fea y deliciosa a la vez’. ¿Cómo compaginas en tu arte la gráfica, la literatura (el ensayo), la edición y la música?

Nunca he dividido ninguna de mis inquietudes. De alguna manera todas están conectadas. Mi escuela de dibujo fue hacer flyers para tocadas y portadas para los discos de las bandas en las que tocaba. Gracias a que a algunas personas de la escena punk les gustaban mis dibujos, me atreví a producir más y más gráfica.

En las épocas en las que empezábamos a tocar, la moda en el país era el crust punk y nuestro estilo de hardcore punk ruidoso y rápido no era muy bien visto por la gente de la escena, por lo que creamos nuestra propia escena. Cuando vimos que había afinidad con algunos grupos de otros estados de México, se nos ocurrió a mi amigo Kuble y a mí empezar Cintas Pepe, un sello de discos únicamente en vinilo, y únicamente de proyectos latinoamericanos. Nos dimos a la tarea de juntar canciones de bandas de diversos sitios del país y de Perú, que era donde sentíamos alguna cercanía con las bandas de aquel momento. Así se hizo el compilado “Brutales matanzas” que tuvo un tiraje de 300 LPs, y fue nuestra primera edición. Al día de hoy llevamos 15 discos editados en 12 años que llevan el sello activo, y no tenemos planes de parar a pesar de la gran dificultad económica que implica tener un sello de punk en nuestro país.

En cuanto al trabajo escrito, soy muy indisciplinado. Me gustaría escribir más. Tengo la intención de editar todas las entrevistas que le he hecho a diversas bandas de punk y compilarlas en una publicación. Estos años de pandemia también he estado aprendiendo a escribir obras de teatro con la ayuda de mi amiga Nadia Cuevas, vocalista de Riña. Esperamos pronto poder poner en marcha alguna, y que sea puesta en escena. Tal cosa puede tardar pues como siempre, todo es financiado por nosotros.

Le editaste algunos discos a Tercer Mundo, con quien tocaste un tiempo el bajo, al lado de Álex Marga y Dave Serrano. Los álbumes son un EP, ‘Tercer mundo’ (Cintas Pepe, 2012) y un LP, ‘Ser nosotros mismos’ (Cintas Pepe, 2014). ¿Qué me puedes decir de esta banda?

Tercer Mundo fue un proyecto que creó Dave Rata junto con Alejandro Saldaña, baterista de la legendaria banda regiomontana Los Margaritos. Un día, allá por 2011, me pasó las grabaciones de lo que sería su primer 7″ y me encantaron. Le propuse editar el disco en Cintas Pepe y Abraham Díaz y yo nos encargamos de hacer todo el trabajo gráfico. En aquel momento de México, la guerra contra el narco estaba en su punto mas álgido, por lo que las canciones de Tercer Mundo eran extremadamente crudas y hablaban de una realidad violenta y aplastante. El arte terminó siendo igualmente fuerte. Las excelentes canciones de David y Alex combinadas con el trabajo gráfico, dieron como resultado un disco que a la fecha sigue muy vigente y que debe ser escuchado. Posteriormente, editamos su LP que tuvo bastante éxito en la escena punk internacional. Tercer Mundo tuvo varias formaciones y en alguna de ellas tuve la oportunidad de ser el bajista, pero el crédito de la creación de una de las mejores bandas de punk de México es de David y de Alex.

Los griegos crearon el término estigma para referirse a signos corporales con los cuales se intentaba exhibir algo malo y poco habitual en el status moral de quien los presentaba. Los signos consistían en cortes o quemaduras en el cuerpo, y advertían que el portador era una persona corrupta, ritualmente deshonrada, a quien debía evitarse, específicamente en lugares públicos. Esto me recuerda a la cultura de la cancelación, que en pleno Siglo XXI erige sobre esta teoría del estigma, para explicar la inferioridad “moral” de una persona, y dar cuenta del peligro que representa. ¿Cuál es tu opinión de este concepto, y nuevas acciones de cooptación de los medios de comunicación y de sus editores?

Es muy nebulosa la definición de lo que entendemos por cultura de la cancelación en este momento histórico, pero a muchas personas les sorprenderá saber que el punk y el underground tienen algo que ver en su creación y desarrollo. Aunque no son responsables directos, pavimentaron el camino para que seamos testigos del fenómeno.

Antes que cualquier cosa, quiero dejar claro que me considero una persona de izquierda radical, creo que cualquier persona debe tener acceso a lo básico y mucho más de manera gratuita. Creo en la abolición del trabajo y de las cárceles. Me solidarizo con todas las luchas anticapitalistas y antisistema y considero que cualquier persona intentado crear un espacio nuevo y diferente de cualquier índole, es mi camarada y tiene mi apoyo de facto.

Es importante precisar mi posición política, pues en este clima social, cuando uno empieza a hacer un análisis y critica de la cultura de la cancelación, lo primero que se te puede acusar es de ser un fascista, derechista o un apologista del abuso.

Otra cosa que quiero puntualizar, es que me estoy refiriendo a la cancelación de personas comunes y corrientes. No estoy hablando del espectáculo publicitario, en que se suelen insertar celebridades para generar distintos tipos de capital con el escándalo o a los cotos de poder, que se revelan tras la cancelación de una persona de algún partido político o integrante de algún órgano gubernamental.

Aclarado lo anterior, es muy importante ver desde dónde viene todo esto. A riesgo de dejar de lado muchos factores importantes que formaron lo que se entiende como cultura de la cancelación, como te decía, el underground fue una arena social muy fértil para sentar sus bases, y curiosamente nos regresa al tema del zine.

En los 90 hubo una efervescencia de zines en EEUU, que se alineaban al pensamiento de izquierda que se tienen en ciudades liberales como San Francisco, Los Angeles, New York, Seattle y Olympia, entre otras. El pensamiento que se desarrollaba en estos círculos no necesariamente era un pensamiento de izquierda como lo entendemos en Latinoamérica, sino una temprana forma de discutir el racismo, el machismo y la participación de gente del underground en compañías transnacionales o como se le conocía en aquellas épocas: Selling Out.

Zines como Maximun Rocknroll, Crimethinc o Profane Existence, pusieron sobre la mesa muchos de estos temas y crearon espacios de discusión necesarios. A pesar de que la mayoría de estos temas le competían a todos, el tono puritano de la mayoría de los textos hizo que hubiera una escisión entre gente que ponía atención a estos asuntos, y personas que se sentían repelidas por el carácter moralizante de las temáticas y los debates, si es que los había.

Por otro lado, en Europa, a finales de los ochenta, empezó a surgir una problemática grave por los cada vez más comunes ataques de grupos neonazis a okupas, y conciertos en todos los espectros del subterráneo. Esto tuvo como consecuencia una reacción antifascista entendible en toda la juventud de la época, y dejó un legado de cero tolerancia ante los grupos neonazis.

Aunque ambos ejemplos nos hablan de situaciones donde había que empezar a discutir problemáticas locales y hacerle frente a determinados tópicos difíciles, mucho de esto terminó estancándose y el dogmatismo y la división de muchas comunidades pequeñas del underground terminó por ser el pan de cada día. A finales de los 90, el clima político social en las escenas DIY era muy parecido al clima actual, solamente que sin el factor del Internet. Algunas zines eran lugares donde se exponían a ciertos individuos o donde se cuestionaba a algunos colectivos por situaciones que se consideraban problemáticas.

En Estados Unidos, especialmente los debates sobre el machismo y el racismo, se centraban en el individuo y en el supuesto de que el aislamiento de personajes problemáticos daría como resultado la mejora de la comunidad en cuestión, y la creación de lo que después se conceptualizaría como “espacio seguro”.

Como mencioné antes, la ideología liberal gringa especialmente, evita a toda costa considerar el machismo, el racismo, la homofobia, la gentrificación, los problemas socioeconómicos, de salud y demás temas que nos competen a todos como algo sistémico. La responsabilidad de cualquiera de estas problemáticas es delegada completamente al individuo. De la misma manera las virtudes, el éxito económico, académico y la “buena” salud mental son consecuencia de un trabajo personal “correcto”, en esta perspectiva neoliberal de entender al ser humano.

El avance del internet y la obsolescencia de los medios impresos propició que las discusiones en el underground se mudaran a foros, blogs y listas de correo a principios del milenio en curso. Casi siempre se trataba de alertar acerca de una persona que había sido acusada de tener conductas sexuales problemáticas, pero también se exhibían las acciones de personas que no pagaban discos, libros, que no habían cumplido algún acuerdo o que no habían sido buenos anfitriones o huéspedes durante giras internacionales. Todo esto ocurría en círculos cerrados y pertenecientes al underground. En los casos más graves, estas personas eran señaladas, aisladas y expulsadas de la comunidad. Antes de ser llamada cultura de la cancelación se le conocía como “call out culture”.

Al aparecer, en las redes sociales, la dinámica del señalamiento cobró otros tintes. Las denuncias que antes se quedaban en los ambientes ya mencionados ahora eran públicas, y cualquiera tenía acceso al espectáculo. Facebook, Twitter e Instagram son plataformas donde el contenido lo crean los usuarios, y cada individuo actúa como una marca, y cada uno de nosotros es el PR de nuestras existencias.

En el contexto de una denuncia de cualquier índole en las redes sociales, las personas buscan señalar a un infractor y aislarlo de su comunidad para que esta se mantenga “segura”.

Si las acusaciones son ciertas o falsas no importa. Si son relevantes o mundanas o si acaso se trata de una pugna por el poder, tampoco es de trascendencia. Bajo la idea de la revictimización, o sea donde sólo se puede ser víctima o victimario, se evitan debatir a toda costa la situación, sus causas y sus posibilidades. Así se echa a andar una maquinaria social que la escritora canadiense Clementine Morrigan ha denominado “The Nexus”: Una compleja triada donde se intersectan los conceptos de políticas de identidad, la cultura de la cancelación y las redes sociales.

En mi entendimiento, cuando una comunidad específica entra al Nexus, es muy difícil que pueda salir de ella si no se pone en evidencia el hecho de que cualquier problemática social es competencia tanto del individuo como de la comunidad: no sólo de una persona señalada. La práctica de crear chivos expiatorios únicamente provoca una división moralizante entre buenos y malos, que jamás ataca los problemas de fondo. Muy al contrario, crea figuras de autoridad basadas en un deber ser fantástico, irreal e inhumano para el que nadie da el ancho. Dan inicio círculos viciosos de cancelación donde las personas empiezan a tener miedo a cuestionarse ciertas cosas so pena de ser canceladas, y donde la amistad y fraternidad son desechables a favor de mantener impecables reputaciones, nuevas jerarquías se crean en círculos donde supuestamente se rechazaban. El rumor y el chisme se convierten en hechos incontrovertibles y se da rienda suelta a la humillación pública y al castigo.

En contextos donde la abolición de las prisiones y los cuerpos policiacos son slogans que se repiten en todo momento, ver estas situaciones no deja de llamar la atención, y al mismo tiempo nos muestra que lo que muchas veces se disfraza de lucha social, es la misma vieja historia de necesidad de ser el bueno, de aprobación y de ser quien decide quién vive, quien es expulsado y hasta cuándo se levantará esta pena.

¿De qué manera la persona ‘cancelada’ o más bien estigmatizada, responde a esta situación? En ciertos casos, le será posible intentar corregir directamente lo que considera el objetivo de su deficiencia, pero ¿qué pasa cuando se trata todo de una ficción?

Es curioso que estas situaciones se dan casi exclusivamente en círculos de izquierda o progresistas. Podría afirmar que la derecha se divierte viendo cómo nos hacemos pedazos, y como se acentúan las divisiones entre grupos que generalmente buscan un fin común. Entonces, si es un espectáculo visible para algunos, dudo que sea una ficción como mucha gente que participa de la cancelación quiere creer, sólo porque los infractores han podido hacer algo tan humano como seguir con sus vidas, mantener relaciones sociales, su trabajo e inclusive emprender nuevos proyectos.

Regresando a la pregunta, la persona cancelada suele tener casi las mismas respuestas. En su mayoría guarda silencio ante las acusaciones y ve el desvanecimiento gradual o inmediato de su antigua vida social. Para muchas personas del ámbito público como pueden ser artistas, activistas, académicos entre otras profesiones, su modus vivendi se viene abajo, y continuar con su vida se convierte en todo un reto. Hay muchísimos casos en los que las personas canceladas terminan con su vida tras ser objeto de acoso en redes sociales, señalamiento que les impide visualizar una vida plena en el futuro, pues es bien sabido que el estigma de la denuncia les perseguirá lo que resta de sus días. El suicidio no es un acto personal, ningún acto que realizamos es totalmente personal. El suicidio, como decía Durkheim, es una decisión que se da por múltiples factores sociales que conducen a la desesperación.

A pesar de lo que digan las personas que ven en la cultura de la cancelación una herramienta social legítima, el suicidio ocurre con más frecuencia de lo que quisieran aceptar. Basta con googlear un poco para darse cuenta de las consecuencias que el ostracismo, el acoso y la humillación pueden tener sobre alguien, independientemente de si acaso la persona incurrió o no en las infracciones de que se le acusa.

Dejando de lado una situación límite como puede ser el suicidio de una persona señalada en un proceso cancelatorio, la realidad es que la cancelación fractura el tejido social de un grupo en específico. La persona cancelada no es la única que sufre las consecuencias, su pareja, amigos y familia son señalados por asociación y el caprichoso concepto de “solapador” entra en escena. La cancelación pide como requisito que la persona pierda o vea afectada sus relaciones sociales. Sus personas cercanas son presionadas para que le den la espalda al sujeto en cuestión. De lo contrario corren peligro de ser canceladas de la misma manera. Esto es sólo una actualización de aquellas ideas de hace siglos, que utilizaron la necesidad social del ser humano para castigarlo por medio del aislamiento forzado. Si te juntas con quien la sociedad creyó que debe ser aislado, bajo nuestro pobre juicio común seguramente debes ser peligroso.  Precisamente Clementine Morrigan un poco en broma y un poco en serio, se refiere al hecho de estar cancelado como una enfermedad contagiosa.

Es necesario entender que la cancelación, en muchos casos proviene de un intento de buena fe, para hacer lo que se cree que es correcto. Las personas canceladoras a menudo no saben que están incurriendo en una actividad que no propicia ningún proceso de justicia restaurativa, y que muy pocas veces el señalamiento y el escarnio público provocan que una persona reflexione respecto a las acusaciones que se le hacen. Al contrario, casi siempre se crean tensiones que antes no existían y enemistades antiguas se hacen más densas, hasta que el drama social es inaguantable, y alguna de las partes desaparece completamente de dicho entorno de manera literal o figurada.

Las buenas intenciones de las personas que cancelan a uno o varios individuos que consideran nocivos para su entorno tienen que contrastarse con los resultados reales que el grupo expulsor sigue teniendo.

A pesar de la popularidad de las cancelaciones en ciertos círculos, los abusos de diversas índoles siguen ocurriendo y es muy inocente creer que desapareciendo a las personas de ciertos ámbitos las problemáticas sociales desaparecen. Una situación es creada por muchas formas de relacionarse, no por un individuo. Eso argumenta la policía cuando usa la metáfora de las pocas manzanas podridas que sólo se desechan de la canasta y las buenas se conservan. Esa es la lógica que siguen los sistemas penales que tanto detestamos.

Finalmente, creo que debe empezar a discutirse el hecho de que en muchos casos, que no son aislados ni producto de la casuística, la cancelación ha sido utilizada para deshacerse de personas incómodas para la mayoría de un grupo determinado. En no pocas ocasiones se cancela por conflictos interpersonales que distan mucho de ser abusos o situaciones graves, y las partes que acusan no están dispuestas a vivir con la incomodidad que supone estar en presencia del otro que les irrita. La incomodidad, la diferencia, las dificultades son parte de la vida, resolverlas o enfrentarlas nos toca si de verdad aspiramos a crear una comunidad.

Hace un par de años en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, me tocó ver el caso de un tendedero de denuncias donde se acusaba a varios alumnos y maestros de acoso, tocamientos y violencia emocional. Entre los testimonios venía la acusación que alguien lanzó hacia un excelente profesor. El maestro había impartido una clase acerca del derecho consuetudinario en ciertas comunidades indígenas, y le expuso a los alumnos un escandaloso hecho: En algunas comunidades la violación no podía considerarse como tal, debido a los usos y costumbres que permeaban en dicha región. El profesor no hizo más que exponer esta difícil parte de la realidad, pero para algunas personas en su clase, el solamente enunciarlo ya le convertía en un apologista de la violación. Su nombre apareció junto al de otras personas en el tendedero anónimo e incluso hubo pintas en las paredes con su nombre y a continuación el término paraguas “acosador” o “abusador”, que bien puede servir para señalar a quien no nos gusta cómo nos habla, como a un violador. Aquí dejan de importar los significados y todo se vuelve una masa que no tiene pies ni cabeza pero que justifica acosar, señalar y expulsar. El profesor renunció a dar su clase y no se le vio más aquel semestre.

La cultura de la cancelación no puede reformarse porque su propia naturaleza impide que exista un debate. Se le pide a las personas que acaten los lineamientos y las acusaciones, y cualquier duda es considerada como una forma de re victimizar a las personas denunciantes. En ese orden de ideas, es imposible hacer una distinción entre casos verdaderos y falsos, entre abusos y circunstancias de desazón que se denuncian. En pocas palabras, la cultura de la cancelación no se va a afinar y mejorar para que estas cosas ya no ocurran: todo lo contrario; está fundamentada en que las cosas sigan siendo de este modo. Está fundamentada en el hecho de que la duda nunca pueda existir. Creo que a eso le llaman dogma de fe por algún lado.

La discusión está empezando a aflorar en muchos sitios. El trabajo de la escritora que ya he mencionado, Clementine Morrigan, me parece muy valioso para empezar a pensar en mejores maneras de entender el conflicto. Hay otros autores en Internet que han comenzado a hablar de sus experiencias personales, como es el caso de la cuenta de Instagram @dominophagy o la graciosa cuenta de memes @cursedcancellations. En ámbitos más académicos, también hay algunas personas que abordan el tema como es el caso de Annie Olaloku-Teriba quien hace una génesis del concepto afropesimismo en su artículo “Afro-Pessimism and the (Un)Logic of Anti-Blackness”. Dicho concepto es clave para entender por qué la cancelación y las políticas de identidad van tan de la mano, y parecen inclinarse a favor del neoliberalismo.

Es necesario entender que el conflicto es algo inherente a la vida social. Querer terminar con él es querer privar a la experiencia humana de todo su potencial, además de que es algo imposible y en el intento, la vida de muchas personas se ve afectada de formas que los canceladores jamás entenderán…, a menos claro, que a ellos los terminen cancelando también en un futuro, si las cosas siguen como van. Tal vez hasta ese momento, la gente quiera discutir sobre esto.

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