Las 50 sombras y el efecto grey que no sale de nosotras

No soy precisamente una malamadre que haya leído la famosa saga de ’50 sombras de Grey’ ni que haya visto la película, pero me ha suscitado un gran interés el revuelo que ha formado el conocido Christian. He llegado a ver autobuses llenos de mujeres camino del cine a descubrir la erótica de este millonario y las tiendas del ramo están haciendo el agosto con la venta de esposas, cintas para tapar los ojos y otros artilugios para dar placer. De todo este fenómeno y del mundo de las fantasías nos habla hoy nuestra colaboradora experta en sexología, Arancha Gómez. Os dejamos con ella.

* Podéis seguirla en @atajou y en la web de Sexorum.

Hace unos años la novela de E. L. James arrasó en ventas en todo el mundo. Tal vez alguna malamadre la recibió de regalo de manos de una amiga o una cuñada con un guiño cómplice y un “como siempre dices que no tienes ganas, a ver si así las despiertas”.

Y tal vez nuestra malamadre, poniendo un poquito de buena voluntad para darle una alegría al buenpadre (o la buenmadre2, y a ella misma, que una vez metidas en faena, la cosa gusta), se decidiera a leerla. Y a lo mejor nuestra malamadre, es una hipótesis, pensara: “tal vez esto del BDSM (bondage, dominación, sadismo, masoquismo) no esté tan mal ” y sacara del armario una corbata del buenpadre o un fular de la malamadre2 y se fuera para allá directa a poner en marcha algunas escenas que había leído y le habían motivado especialmente, con permiso del  buenhijo y siesta mediante (para las malasmadres hasta un encuentro rápido requiere cierta logística, que os voy a contar de uno que necesita puesta en escena).

Explicación mediante, nuestra malamadre y su pareja se disponen a emular a Anastasia y Christian y… empiezan los problemas.

“Que me venden los ojos no me está gustando nada y menos con estas novedades que nos traemos entre manos…Y precisamente y ya que hablamos de las manos, definitivamente no soy muy fan de que me las aten… “- Piensa nuestra malamadre.

¡Plas! Azotito alegre, según instrucciones indicadas. “De los cachetes ni hablamos. ¡¡Corten, cooorten!!”.

Fin de su particular escena de las 50 sombras. (**)

Las fantasías eróticas se alimentan de nuestro imaginario que a su vez se alimenta de lo que hemos leído, visto, soñado, imaginado… Se dan en ese pequeño reducto íntimo donde no existen, ni tienen cabida las normas sociales ni de ningún tipo, donde nadie nos va a penalizar o mirar mal, fantaseemos con lo que fantaseemos.

Es muy habitual que desde ciertos medios se invite a “hacer realidad nuestras fantasías eróticas” o a “compartirlas”. Se trata de una invitación envenenada, porque cuando intentamos hacer realidad o compartir las fantasías, las sacamos de ese reducto de intimidad y por lo tanto, se ven enfrentadas con las normas que operan en nuestra vida (normas sociales, compromisos con nuestra pareja, etc…), lo cual, de por sí, puede crearnos ciertos problemas y porque, en muchas ocasiones, las fantasías nos “ponen” sólo en la medida en que son fantasías.

Por poner algunos ejemplos alrededor de lo que he dicho: tal vez a alguna malamadre le excite pensar en hacer un trío, sin embargo, su pareja y ella valoran enormemente la fidelidad y eso sería considerado por ambos como una agresión a su compromiso.  A lo mejor, alguna malamadre suspira por Bradd Pitt (o por el entrenador del gimnasio), pero ni de lejos querría compartir con él una escena tórrida que bastante tiene ya con lo que tiene en casa. Puede que alguna malamadre se “caliente” pensando en tener relaciones eróticas en un parque o un rincón oscuro de una discoteca, pero que en la realidad no sea capaz ni de mostrarse completamente desnuda en el vestuario de la piscina. Una fantasía recurrente, por extraño que parezca, suele ser la violación, y eso no significa que las mujeres quieran ser violadas.

Las fantasías no desvelan lo más oculto y perverso de nosotras mismas, se trata de un espacio en el que podemos imaginar lo que nos apetezca y cómo nos apetezca, con todo lujo de detalles y sin temor a las consecuencias… y dónde siempre hay final feliz, porque todo sucede como nosotras queramos que suceda.

Se trata de una posibilidad más de nuestra erótica y no por el hecho de producirse únicamente en el interior de nuestra mente es menos real o tiene una categoría inferior a otras prácticas o gestos que realizamos.  En nuestras manos está cultivarlas y disfrutarlas.

No os voy a preguntar por vuestras fantasías porque eso sería una necedad después de lo que he explicado, pero ¿vosotras habéis leído las novelas o visto la película?, ¿creéis en el efecto Grey?

** También hubiera podido suceder que esos cachetes, esos ojos vendados y esas manos atadas, llevaran al éxtasis a nuestra malamadre… ¡No se me vayan a imaginar que hay algo malo en eso! El BDSM es una peculiaridad erótica (y todos y todas tenemos alguna) pero de eso, hablaremos otro día.

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Las 50 sombras y el efecto grey que no sale de nosotras

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