La violación sexual en el manual del soldado soviético y ruso

«Una chica de 14 años fue violada por 5 hombres en Bucha. Ella está embarazada ahora. Un niño de 11 años fue violado delante de su madre. Ella estaba atada a una silla para que lo viera, también en Bucha. Una mujer de 20 años, violada por tres ocupantes de todas las formas posibles a la vez. En Irpen». Esa es la descripción que hace Liudmila Denisova, en el reporte de la Defensora del Pueblo de Ucrania, publicado en su cuenta de Facebook el 8 de abril del 2022.

Desde el pasado mes de marzo las denuncias de violaciones sexuales como herramienta en el arsenal de guerra del ejército ruso llegaban a la prensa internacional y a organismos internacionales.

Las primeras acusaciones recogidas oficialmente provenían de 25 ucranianas, entre 14 y 24 años de edad. Se denunciaba que estas violaciones y abusos sexuales se comenten en grupo, en presencia de hijos, de menores de edad. Son historias que se repiten en los poblados ucranianos tras la retirada de las tropas rusas. Pero, aseguran los especialistas, no siempre las mujeres informan de las violaciones, y las adolescentes, en menor escala todavía.

“Es imposible contar cuántas víctimas hay ahora”, dijo Denisova al servicio ucraniano de Radio Europa Libre/ Radio Libertad, “porque muchas personas han sido brutalmente asesinadas. Pero la historia cobra realidad cuando se trata de nuestras mujeres y niños, y sus padres ahora relatan la violencia que se cometió contra ellos”.

“Cada vez escuchamos más sobre violaciones y violencia sexual. La combinación del desplazamiento masivo con los resultados de la gran presión de los reclutas y mercenarios y la brutalidad mostrada contra los civiles ucranianos ha levantado todas las banderas rojas”, dijo ante el Consejo de Seguridad de la ONU Sima Bahous, directora ejecutiva de ONU Mujeres, el 11 de abril.

“Las mujeres jóvenes y las adolescentes no acompañadas corren un especial riesgo”, destacó Bahous. La Unicef y ONU Mujeres lanzaron un SOS al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para que se investiguen las denuncias.

La abogada británica Helena Kennedy, Consejera de la Reina (QC) y especializada en derechos humanos, dice que las violaciones se han convertido en un arma de la guerra. Declaró a la prensa inglesa que los soldados rusos disfrutan de un “permiso tácito” para violar a los civiles. Según la abogada, las evidencias que se han podido recopilar revelan que los rusos realizan “graves delitos” contra los ciudadanos. Helena Kennedy es miembro del grupo de trabajo legal que ayuda a coordinar los casos de crímenes de guerra en Ucrania.

Un informe de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), fechado el 13 de abril, confirma violaciones del derecho internacional humanitario por las tropas de ocupación rusa y señala que “los informes indican casos de violencia de género relacionada con el conflicto, como violaciones, violencia sexual o acoso sexual”.

Human Rights Watch ha venido documentado las denuncias, incluida la de una mujer que relató a ese organismo cómo fue violada frecuentemente por un soldado ruso en una escuela, en la región de Jarkiv, donde ella y su familia se habían refugiado. Además del relato, entregó fotos con evidencias de las golpizas recibidas.

Un exhaustivo recuento sobre el destino de Karina Yershova fue presentado por la cadena CNN. Era la historia de una joven de 22 años, residente de Bucha, quien se negó a dejar la ciudad al ser tomada por los rusos. Salió un día a comprar a una tienda cercana y los padres no volvieron a saber de ella. Trozos del cadáver de la chica se identificaron por los tatuajes que tenía; fue violada y su cadáver, mutilado.

“Las mujeres de toda Ucrania se enfrentan a la amenaza de la violación como arma de guerra, a medida que surgen crecientes pruebas de violencia sexual en las zonas recuperadas de las fuerzas rusas en retirada”, informaba el diario londinense The Guardian, el pasado 4 de abril.

“El domingo, el mundo se horrorizó con una imagen tomada por el fotógrafo Mikhail Palinchak en una carretera a 20 km de la capital, Kiev, en la que los cuerpos de un hombre y tres mujeres estaban apilados bajo una manta. Las mujeres estaban desnudas y sus cuerpos habían sido parcialmente quemados”, informa la prensa británica en referencia a lo que se informaba desde Bucha. Destaca la nota que, “para muchos, es especialmente difícil comprender la magnitud de la violencia sexual”.

El diario estadounidense Huffington Post recoge declaraciones de la profesora Dara Kay Cohen, de la Universidad de Harvad, quien es autora del libro “Violación durante la Guerra Civil/Rape During Civil War”, que analiza esos conflictos desde 1980 al 2012.

Según la catedrática, “la violación se ha utilizado como arma de guerra durante miles de años, pero no se encuentra en todos los conflictos”.

“La violación en grupo ayuda a los grupos armados que sufren de baja cohesión a superar esencialmente ese problema”, detalla Kay Cohen. Esa violación, a criterio de la profesora de política pública en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, de Harvard, es “una forma de señalar la virilidad y la masculinidad, lo que puede crear vínculos sociales entre los miembros de los grupos armados, especialmente los miembros de los grupos armados que han sido reclutados por la fuerza”.

Informaba el diario The Washington Post a inicios de mayo que Iryna Venediktova, dijo que ella “creía que Rusia utilizó la violación como “estrategia deliberada en la guerra”, una acusación que el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, ha negado con insistencia.

Frente a la embajada rusa en Estonia, por varios días, activistas contra la invasión rusa se reunieron para protestar por las violaciones cometidas por las tropas rusas en Ucrania. Docenas de ellas se desnudaban parcialmente, se echaban pintura roja sobre el cuerpo, en especial en el vientre y las piernas. El objetivo era denunciar ante la opinión publica el abuso a mujeres y niños por parte de los soldados rusos en Ucrania.

Violaciones de soldados y oficiales soviéticos desde la Segunda Guerra Mundial.

Hoy día se han documentado numerosos ejemplos de las violaciones de los soldados rusos. Investigaciones, trabajos históricos y libros componen una amplia bibliografía del tema. En ocasiones, han sido llevados al cine y hecho documentales el drama sufrido por las mujeres en aquella zona de Europa a manos de los soldados rusos.

En aquella época, uno de los más ampliamente difundidos entonces sucedió con la toma temporal en octubre de 1944 del poblado de Nemmersdorf, en Prusia Oriental, hoy región rusa de Kaliningrado. Setenta y dos mujeres, en edades de 8 a 83 años, fueron violadas. Las dejaron clavadas en las puertas de las casas y establos, desnudas.

Los nazis documentaron los crímenes e invitaron a suizos, suecos, estonios y españoles a que verificaran las historias. Existe una extensa bibliografía sobre esos crímenes, en los trabajos del historiador británico Ian Kershaw y Alfred-Maurice de Zayas, abogado cubanoamericano.

Libro Berlín: 1945 de Antony Beevor

El historiador británico Antony Beevor, tras laborar en archivos rusos y alemanes, públicó en su obra Berlín, la caída: 1945 (editado en castellano en el 2005 por Critica, Barcelona). Destaca Beevor que “cuando el ejército rojo alcanzó Berlín …sus soldados tendían a mirar a las mujeres como un derecho temporal de conquista”. (Pág. 65) En Dahlem, “monjas, muchachas jóvenes, mujeres ancianas, embarazadas y madres que acaban de alumbrar fueron víctimas de impías violaciones” (pág. 515). Según la investigación del historiador, fueron violadas dos millones de mujeres, la mayoría reiteradamente y en grupos.

En un artículo en la prensa británica el historiador destaca que “al menos dos millones de mujeres alemanas han sido violadas, y una minoría considerable, si no la mayoría, parece haber sufrido una violación múltiple”. La propaganda soviética culpaba a las berlinesas por el alto porcentaje de sífilis y gonorrea entre la soldadesca roja. El que después fuera jefe del espionaje de Alemania Oriental, el general Markus Wolf, en conversación con Beevor, en el 2000, le corroboraba que al llegar a finales de mayo de 1945 a Berlín, “todas nuestras mujeres han sido violadas” (Pag. 655).

Esa tragedia ha sido llevada a la pantalla con la película Una mujer en Berlín, basada en un libro autobiográfico de una alemana. En 1992, el documental BeFreier und BeFreite (Los libertadores se toman libertades) mostraba los testimonios de las víctimas.

El historiador holandés Ian Buruma, autor del libro 1945: Año Cero, constata que las últimas denuncias de violaciones se registraron en 1947, tras ser los soldados soviéticos confinados a los cuarteles. La historiadora Catherine Merridale, en su obra “Ivan’s War/Las Guerras de Ivan” sobre el ejército rojo, del periodo comprendido entre 1939 a 1945, da calificaciones exactas sobre el comportamiento de los soldados soviéticos al llegar a suelo alemán en enero de 1945: “los historiadores los han calificado de bestiales y de crápulas, como si actuaran por algún instinto, como los animales” (pág. 303).

Y esos instintos los continuaron al arribar a la capital alemana en abril de ese mismo año: “ya no había mucho que tomar en Berlín, pero se apoderaron de los alimentos y otros bienes que aún les apetecían. Casi casualmente, y sin el intenso odio de tres meses antes, también se vengaron de las mujeres de Berlín” (pág. 329).

Monumento polaco a la violación soviética

Monumento polaco a las víctimas de las violaciones de soldados soviéticos.

Monumento polaco a las víctimas de las violaciones de soldados soviéticos.

Las polacas no escaparon de las violaciones de los soviéticos. Un artista polaco, Jerzy Bohdan Szumczyk, hizo en el 2013 un monumento a millones de víctimas de la Segunda Guerra Mundial, las mujeres violadas por los soldados del ejército rojo. El diario alemán Der Spiegel describía el monumento y el acto de colocarlo en una plaza polaca. La obra era una escultura de hormigón de 500 libras que se colocó en la ciudad de Gdansk, al lado de un tanque soviético. La obra del entonces estudiante de la Academia de Bellas Artes de Gdansk llevaba el título de “Komm, Frau (Ven, mujer)”.

La figura representa a un soldado soviético entre las piernas de una mujer embarazada al tiempo que le coloca un revolver en la boca con su diestra. En esa ciudad, entonces Danzing, fueron violadas alemanas, así como polacas y rusas que eran llamadas Ostarbeiter (trabajadores del Este) en los territorios alemanes u ocupados por estos. La prensa internacional destacó entonces las reacciones de la sociedad polaca, y las protestas de la embajada rusa en Varsovia.

La vergüenza de las húngaras violadas por soviéticos

La cineasta húngara, Fruzsina Skrabski, se encargó de sacar del olvido los abusos y violaciones a las mujeres de su país por las tropas soviética en 1944 y 1945, detalla el diario The Washington Post. En el 2013 saca a la luz el documental titulado “Vergüenza silenciada (Elhallgatott gyalázat)”. Eran los testimonios de las victimas sobrevivientes de aquellas violaciones de la Segunda Guerra Mundial. Se pusieron ante las cámaras para contar el ultraje.

Tras 65 años de silencio, varias de las mujeres ultrajadas, que al ser entrevistadas tenían entre 80 a 90 años, relataron los crímenes. En un poco más de 50 minutos se habla de 400 mil a 800 mil húngaras violadas o torturadas sexualmente. Entonces, en Hungría, el aborto era una práctica normal en los hospitales o consultas clínicas. Las enfermedades de transmisión sexual se dispararon y se relata cómo los soviéticos culpaban a las mujeres por la sífilis o gonorrea de los soldados y oficiales.

El documental muestra mujeres de carne y hueso: Gabi Kali, Magdolna Prosz, Miklos Ujj, Lajos Vincze. Vieron ellas el horror sobre toda la familia, sobre sus hermanas, madres, abuelas. El silencio fue la norma en las décadas de comunismo húngaro, aliado del Kremlin, se destaca en el film, y fue tanto para mujeres como hombres que, inclusive, no deseaban hablar de un tema lacerante.

El experto ruso en sistemas totalitarios, profesor Nikita Petrov, dijo en el documental que la posesión física del soldado soviético sobre el cuerpo de la mujer vencida es un elemento de reafirmación de la propia victoria.

“Entretenimientos” de soldados soviéticos en Yugoslavia

Milovan Djilas, uno de los más acérrimos críticos del marxismo, en su libro “Conversations with Stalin/Conversaciones con Stalin”, afirma que en Yugoslavia el ejército soviético cometió unos 121 casos de violación, 111 de los cuales también fueron asesinatos y 1.204 robos con violencia. Detalla en uno de los capítulos como el líder de los guerrilleros yugoslavos, Yosef Broz Tito, se quejó ante el general soviético Korneev, quien dijo sentirse indignado por los insultos al ejército soviético. (pag. 95 Milovan Djilas, Conversations with Stalin,1962. London)

En un viaje a Moscú, Djilas, entonces miembro de la jerarquía comunista yugoslava, se reunió con Stalin, quien ya conocía de la queja de Belgrado. Stalin le dijo, relata Djilas: “¿No entiende que un soldado que ha caminado miles de kilómetros a través de la sangre, el fuego y la muerte se entretenga con una mujer o se lleve alguna bagatela?”

Quejas al Kremlin desde Checoslovaquia

En el libro The Russian in Germany: A history of the soviet zone of occupation 1945-1949 (Harvard Press, 1995), del historiador Norman M. Naimak se detalla la queja (sin llegar a ser protesta) del líder comunista checo Vlado Klementis al mariscal soviético Ivan Konev por las violaciones a las mujeres a manos de su tropa en Eslovaquia. El militar soviético atribuyo las tropelías contra las mujeres a soldados desertores (pág. 71).

Violaciones de los soviéticos a japonesas en la Manchuria

Huerfanos de la Guerra Japonesa en Manchuria

Huerfanos de la Guerra Japonesa en Manchuria

Una de las atrocidades de las menos conocidas es la masacre de Genenmao, que en Japón es recordado como fecha luctuosa cada año, el 14 de agosto. Ese día, en 1945, con la entrada de las tropas soviéticas y mongolas en la Manchuria, y alentados en ocasiones por la población china, violaron y asesinaron a más de mil personas, en su mayoría mujeres y niños que habían buscado refugio en el templo budista de Gegenmao, en la Mongolia Interior. La matanza duró casi toda la jornada.

Detalles sobre el crimen perpetrado por los soviéticos aparecen en el libro de la historiadora Mayumi Itoh “Los huérfanos de la Guerra japonesa en la Manchuria: las víctimas olvidadas de la Segunda Guerra Mundial”, que salió al público en abril del 2010.

Desmanes sexuales soviéticos en Afganistán

El informe de Human Right Watch, en coordinación con los comités Helsinki Watch y Asia Wacth, publicado en 1985 con el título “Morir en Afganistán: los derechos humanos en Afganistán desde la invasión 1978-1984”, dedica un capítulo a la violencia sexual en los primeros cinco años de invasión soviética. El reporte investigó las violaciones, intentos de violación y acoso sexual a las mujeres afganas por parte de los soldados soviéticos y las fuerzas afganas.

Similar conducta de los soldados soviéticos que violaban a las mujeres y a las niñas es descrita en las publicaciones del Proyecto Afgano de Justicia, publicado en el 2004.

En el 2013 el tema de la brutalidad de las tropas soviéticas es analizada en el trabajo Violencia sexual en Afganistán en y después de la Guerra”, de Linda Ahmad, en el Instituto de Desarrollo Social y Paz. En el trabajo se afirma que “la violencia sexual en Afganistán apareció al comienzo de la guerra en 1978, cuando la URSS ocupó el país en nombre de la amistad y el internacionalismo”. Se constata en ese estudio que, bajo el régimen afgano que controlaba Moscú, se reportaron casos de participación soviética en las torturas sexuales y violaciones a mujeres en las aldeas.

Protesta en Berlín contra la invasión rusa a Ucrania.

Protesta en Berlín contra la invasión rusa a Ucrania.

Respeto al género y condena a los violadores.

En 1929 se firma en Ginebra el Convenio Relativo al Tratamiento de los Prisioneros de Guerra, donde se declara que “los prisioneros de guerra tienen derecho al respeto de su personalidad y honor. Las mujeres serán tratadas con todas las consideraciones debidas a su sexo”. Con el documento se extiende a la mujer como sujeto una defensa especial en medio de la guerra, que de violarse implica discriminación de género. Los adicionales Convenios de Ginebra de 1994, con dos protocolos adicionales de 1974, brinda a la mujer una protección contra la violación, la prostitución forzada o toda forma de ultraje.

En los Estatutos del Tribunal Internacional para la ex-Yugoslavia la violación sexual deja de ser un atentado a la moral convirtiéndose en un crimen contra la humanidad. Se considera violación inclusive el intento y la amenaza. Tres bosnios fueron sentenciados, entre otras causas, por violaciones.

El Tribunal Criminal Internacional para Ruanda declaró culpable de genocidio en 1998 a Jean-Paul Akayesu, ex alcalde de Taba. En ese conflicto se violaron a más de 500 mil mujeres. La condena de Akayesu fue la primera de ese tipo en corte internacional y la primera vez que la violación fue considerada un componente de genocidio. Allí se conceptualizó al delito de violación bajo categóricas situaciones, como genocidio.

La columnista Monica Hesse, del diario The Washington Post, describe como la violación como un tipo de guerra que a su entender “no implica tanques ni bombas, pero es una guerra. Es un crimen que a menudo queda impune, cometido por soldados que forman parte de una horrible tradición: utilizar el cuerpo de las mujeres como campo de batalla, aniquilando la psique humana junto a las ciudades”. Lo considera un arma contra los hombres del bando contrario, pues “los violadores también pueden utilizarlas contra los hombres para hacerles sentir indefensos. Los hombres no podían detener los ataques contra las mujeres que amaban”.

La responsabilidad no solo de los soldados que comenten la violación, sino también de los oficiales que la permiten, quedó bien señalada por Hugh Williamson, director de Europa y Asia Central de Human Rights Watch, quien declaró en un informe especial en abril que “los comandantes deben reconocer que la falta de acción contra los asesinatos y las violaciones puede hacerlos personalmente responsables de crímenes de guerra como una cuestión de responsabilidad de mando”.

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La violación sexual en el manual del soldado soviético y ruso