La transexualidad de los buenos hijios ¿Niño o niña?

La transexualidad infantil es el tema que aborda hoy nuestra colaboradora y sexóloga Arancha Gómez, como ella nos explica en el post son niños que no se sienten identificados con el sexo que le asignan al nacer. Arancha nos los explica y nos deja el enlace a un documental  de Documentos TV, ‘El sexo sentido’, que os invito a que veáis para entender mejor aún la transexualidad infantil. 

*Podéis seguirla en @atajou y en la web de Sexorum.

Hay que reconocer que, aunque somos malasmadres de manual, lo que les pasa a los buenoshijos nos preocupa… Vale, a veces no tanto, pero lo tenemos en el radar: Pedro no cena más que yogur y fruta. “Pero este hijo mio… !Si la que está en plena operación bikini soy yo!”

María come como una lima. Tan felices de que así sea, pero cuando la ves zamparse el tercer san jacobo untado en tomate frito por los cuatro costados, no puedes evitar pensar que si sigue así en breve la operación bikini tendrá dos integrantes.

Luis tarda dos horas en dormirse. “!Mamá, agua!, !mamá, pis!, !mamá, un beso!, !mamá, ven que te quiero mucho!”. No puedes disimular una sonrisa porque se las sabe todas, pero como te toque volver a su cuarto otra vez con lo a gustito que estas en el sofá con el buenpadre, no respondes. ¿A lo mejor es que tiene miedo?

Mario sólo quiere jugar a pintarse las uñas, se pone mil gomas y coletas, usa una toalla para simular que tiene el pelo largo y le quita las faldas a su hermana para ponérselas él. Hasta ahora pensaste que era su manera de jugar, pero va a cumplir 3 años y el otro día te ha dicho: “Mamá, ¿qué tengo que hacer para ser una niña?“.

Cuando las preocupaciones son “de libro” y las puedes comentar con otras malasmadres, y a veces hasta con alguna buenamadre, y sois muchas las que centrifugáis las mismas cosas, parece que pesan menos: “Si sólo fuera mi buenhijo, pero se cuentan a docenas, algo inventaremos entre todas”.

La inquietud llega cuando lo que hace tu buenhijo o tu buenahija no es tan habitual y además no entiendes que está pasando y a tu alrededor tampoco. Están los que fingen que no lo ven y los que, peor aún, sí que se fijan y vienen con ideas: “este niño lo que necesita es jugar más al fútbol y estar más con su primo”, “este niño está muy malcriado, mano dura”, “este niño… ¿le habéis llevado ya al médico?”.

El médico dice que está perfecto porque tampoco te has atrevido a contarle lo que te preguntó el otro día. En el cole siempre han pensado que era un niño especial y no encuentran ningún problema. En todo caso, que se vista como quiera… en casa.

¿Qué está pasando?

Cuando un bebé nace, el personal sanitario le mira los genitales y, habitualmente, sólo atendiendo a la forma que presentan se le asigna un sexo: niño, si ven un pene y un escroto cerrado, o niña, si ven una vulva. Y de este modo, ese bebé, a partir de ese momento será reconocido y nombrado por todos como un niño o una niña.

Es muy frecuente que el sexo asignado al nacer coincida con lo que las niñas y niños expresan, cuando a partir de los dos años aproximadamente, empiezan a decir de sí mismos, a través de la palabra o de los juegos.

Pero como se trata solo de una coincidencia, en ocasiones no ocurre así. Puede pasar que cuando ese niño o esa niña empieza a hablar, a tener relato propio, nos diga: “Mami, yo no soy guapo, soy guapa” o “¿a qué edad le salió a papa la colilla? Y a mí, ¿cuándo me va a salir?”. Y en esos momentos, empiezan los líos sobre qué responder y cómo actuar.

Ante una situación como esta es común que las respuestas se centren en corregir al buenhijo o la buenahija sobre su error:

– “Cielo, a las niñas no les sale colilla nunca. Tú tienes vulva, como todas las niñas, como mamá, la tía, la prima…”.

– “A ver peque, no podemos decirte que eres guapa porque eso se le dice a las niñas y tú eres un niño. ¿A que tienes pene? Pues eso es que eres un niño”.

Y con estas frases o con otras similares, vamos intentando hacerles comprender que lo que son, niño o niña, está claro si se fijan bien en lo que tienen, en sus genitales ¿o acaso no es así en sus hermanas y hermanos?.

Pero la realidad es que ha sido una cuestión de carambola que sus hermanas y hermanos se sientan a gusto con el sexo que les hemos asignado al nacer. Cuando empezaron a percibirse a sí mismos no encontraron ninguna incongruencia, ningún desajuste entre lo que la gente desde fuera decía y lo que ellas y ellos desde dentro sentían.

Si queremos insistir en que dejen de decir esas cosas o dejen de hacer esas otras porque sus genitales tienen una u otra forma no conseguiremos producir un cambio en lo que expresan sentir. Lejos de eso, contribuiremos de manera directa a que se sientan mal por ello, incluso muy mal.

Sin el apoyo de sus familias para poder expresarse como se sienten ser, los peques pueden empezar a disimular, a esconderse para hacer las cosas que desean hacer. Y en las peores circunstancias, a tener pesadillas, estar tristes y taciturnos, plantear dificultades en el cole… Sufrir.

Asumir que el error ha sido nuestro, de los adultos que le rodean, es un paso fundamental para que este malestar se reduzca a su mínima expresión. No resulta fácil para ninguna familia entender que su hija tiene pene o su hijo tiene vulva. No es lo más frecuente pero es una realidad que existe, y cuando las familias, amigos, vecinos les sonríen y les dicen: “Pues es verdad, nos habíamos equivocado contigo”, les estamos facilitando que ellas y ellos puedan sonreír también.

Esto que estamos contando hoy es lo que llamamos situación de transexualidad en la infancia.

Cuando pensamos en transexualidad vienen a nuestras cabezas muchas imágenes y es muy probable que ninguna sea la de unos peques explicándoles a sus padres, desde sus juegos y con sus palabras, que se sienten de un sexo diferente al que todo el mundo les asigna.

Como no solemos esperar esta situación, la sorpresa y el despiste pueden ser máximos. En el caso de que ocurra hay quien está especializado en acompañar estas situaciones para que todos, madres, padres, abuelos, hermanos y el cole, sepan cómo apoyar lo mejor posible y desde sus posibilidades a quien le acaba de declarar la guerra a todo el sistema habitual de clasificación por sexos.

Mi compañera y colega, Almudena Herranz, sexóloga del equipo de profesionales de Sexorum, ofrece atención gratuita para aquellas familias que lo necesiten.


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