Feminismo, machismo, hembrismo y sexología – Club de Malasmadres

El término feminismo ha levantado pasiones encontradas en los últimos años y muchas personas no han entendido o querido entender lo que abandera el término y lo que persigue que no es otra cosa que la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Hoy nuestra colaboradora Arancha Gómez se adentra en este mundo de términos en su terreno el de la sexología y pone luz sobre el tema.

* Podéis seguirla en @atajou y en la web de Sexorum.

Ya has tenido bronca otra vez con tu cuñado a cuenta del día de la mujer, la huelga feminista y las manifestaciones que hubo en diferentes ciudades españolas. Tenerla con tu cuñado es relativamente fácil, porque él es el cuñado “perfecto”, pero esta vez te has quedado boquiabierta con su:

– Ni machista, ni feminista. Yo sólo soy persona.

Y no se te ha ocurrido ni qué responderle del estado de consternación en que te has quedado.

Hay que dejar claro para empezar que lo contrario del machismo, no es el feminismo. El machismo es una actitud de prepotencia de los hombres hacia las mujeres y lo contrario sería el hembrismo que es una actitud de desprecio hacia los hombres

Según el diccionario de la lengua española de la RAE, la definición de feminismo es:

  1. m. Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre.

Según esta definición decir: “yo no soy feminista” estaría al mismo nivel que decir: “yo soy racista”. No se puede no ser feminista a estas alturas de la historia. Es impensable que alguien en el siglo XXI piense que los derechos del hombre y la mujer no deban ser los mismos.

¿Y entonces, por qué tanta inquina al feminismo?

El diccionario de la RAE viene en nuestra ayuda de nuevo porque la segunda definición del feminismo es:

  1. m. Movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes del feminismo.

Y ahí es donde abrimos la caja de Pandora. Y es que el feminismo es uno y múltiple. Uno si nos fijamos en la primera definición del diccionario y múltiple porque hay varias corrientes que buscan esa igualdad de derechos de la mujer y el hombre, cada una a su manera y recorriendo diferentes caminos, y todos ellos son “feminismos”.

El origen del feminismo está en la Revolución Francesa, como explicó Maite Egoscozabal en este artículo y continuó con las sufragistas. Es Simone de Beauvoir quién da voz a este movimiento tras la segunda guerra mundial con su “Segundo Sexo” y a partir de aquí surgen varias corrientes.

En un paseo rápido encontramos: el feminismo liberal con Betty Friedan; el feminismo radical que busca la raíz del problema de la desigualdad social y lo encuentra en el patriarcado; el feminismo materialista que asegura que el patriarcado tiene además una base económica en el sistema de explotación doméstica; el feminismo cultural que tiene como base teórica la “cultura femenina”; el feminismo lesbiano que encuentra que el lesbianismo es la única forma de “librarse del varón opresor”; el ecofeminismo que une pacifismo, feminismo y ecología; el feminismo de la diferencia que asegura que la diferencia sexual es liberadora para la mujer; el feminismo de la igualdad que propone establecer un nuevo contrato social….

Como veis hay disparidad de criterios y opiniones y encuentro perfectamente razonable que no nos sintamos identificadas con algunas de ellas, pero lo que sí debe unirnos es esa primera definición: igualdad de derechos entre mujeres y hombres. Y yo añadiría además “igualdad de oportunidades”.

Hemos avanzado mucho en los últimos 40-50 años. Mi madre para poder abrir su negocio necesitó el permiso por escrito de mi abuelo. Ahora, afortunadamente, ya no es necesario, como tampoco lo es para abrir una cuenta bancaria o sacar dinero, pero aún estamos lejos de que las oportunidades para ambos sexos sean las mismas. Ideas sobre cómo llevar a cabo esta igualdad habrá mil y seguramente algunas serán contrarias a las otras, pero de lo que no hay duda es que aún debemos seguir trabajando para que la igualdad de derechos y oportunidades sea real y efectiva para hombres y mujeres. Y, aquí, quiero añadir algunas aportaciones sexológicas que creo que pueden resultar útiles:

Los hombres y las mujeres son diferentes en múltiples planos, lo que no significa que unos sean inferiores a otras o viceversa, precisamente sus diferencias son lo que pueden compartir y en ellas está la auténtica riqueza.

No se trata de una lucha de mujeres contra hombres, se trata de una lucha contra un sistema que está mal organizado y que desfavorece a las mujeres, pero que también obliga a los hombres a asumir roles que a lo mejor no son los que desean. No hay víctimas y opresores, aquí tod@s estamos jugando papeles que no hemos elegido.

En este tema, como en otros muchos, hay que hacer un trabajo interno para encontrar lo que genuinamente deseamos cad@ un@ y dejar un lado las luchas de poder para conseguir alcanzar esos deseos en la medida de lo posible.

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